El Mas de Mortiès

En el corazón de la Garriga, entre el Mediterráneo y las Cevenas, a 20 km al norte de Montpellier, en el municipio de Saint-Jean-de-Cuculles, el Mas de Mortiès ha permanecido en estado puro, salvaje y misterioso.
Originalmente, este tipo de hábitat aislado imponía una vida casi totalmente autosuficiente, por lo que cada mas, además de los edificios residenciales y las majadas, contaba siempre con un pozo, un huerto, una lavogne para recoger el agua de lluvia, un horno, un corral de cerdos, un gallinero y un palomar.
En cuanto a la agricultura, en Mortiès, como en toda esta desfavorecida región de piedemonte, durante mucho tiempo se practicó una agricultura de policultivo en la que la cría de ovejas ocupaba un lugar preponderante. Se combinaban algunos olivos, viñas y cereales cuando el terreno lo permitía.
Hoy, el Mas de Mortiès tiene principalmente una vocación vitivinícola, que ha llevado a modernizar y ampliar la bodega de vinificación, a transformar la antigua majada en una sala de barricas para la crianza de los vinos blancos y tintos y a crear una sala de degustación.